Superficie: 835 m2
Año: 2020
Arquitectos:
José Luis Pérez Halcón
Francisco Santisteban
Colaboradores:
Antonio Laguna
Fernando Prieto
María Cimiano
Ignacio Martín
Jacobo Otero
Este proyecto, junto al anterior, forma parte del conjunto de diseños desarrollados para el mismo cliente, explorando diferentes aproximaciones arquitectónicas en un mismo contexto. En esta opción, la propuesta se caracteriza por líneas elegantes y geometrías depuradas, que se introducen de manera sutil en la naturaleza circundante, estableciendo un diálogo entre el brutalismo de la montaña y la delicadeza del diseño contemporáneo. La vivienda se presenta como una opción magnánima, donde el color blanco domina la composición, evocando la pureza de las Galabiya o la elegancia del Hijab, reforzando la sensación de serenidad y sofisticación.
Las líneas arquitectónicas, concebidas como si fueran esculturas talladas, recuerdan la dureza y la textura de la sílice, aportando dinamismo, esbeltez y monumentalidad al conjunto. Esta estrategia volumétrica no solo crea una estética impactante, sino que también garantiza un alto grado de privacidad, un requisito clave para los clientes exclusivos a los que se dirige la vivienda.
En el interior, se propone un juego de alturas y perspectivas que potencia la sensación de amplitud y de conexión con el entorno. Los materiales, seleccionados cuidadosamente por su procedencia natural y su calidad táctil, junto con esculturas talladas en roca, refuerzan la relación entre arquitectura y paisaje. Cada espacio interior se concibe como un escenario donde la luz y la materia dialogan, generando una experiencia sensorial única.
La vivienda, en su totalidad, actúa como un auténtico mirador al mar, ofreciendo panorámicas abiertas y una conexión privilegiada con el horizonte mediterráneo. El resultado es una residencia que combina escultura, naturaleza y funcionalidad, ofreciendo un lujo discreto, contemporáneo y profundamente integrado en el paisaje.


